El camino es la felicidad perenne

Chucho Torres | Bogotá

Bogotá
Chucho Torres

La Fundación Resurgir, padres en duelo; es una entidad sin ánimo de lucro que brinda orientación y apoyo a los padres de familia que enfrentan la muerte de uno o más de sus hijos. “Lograr el resurgimiento integral en procura de retornar a la estabilidad emocional y al desarrollo como ser humano, mitigando el sufrimiento es parte de nuestra misión”, dice el fundador y promotor de la organización Lindley Humberto Giraldo Guzmán, quien perdió a su hijo en un accidente.

Felipe Giraldo Feo, hijo de Amarilis y Lindley, y hermano de Alicia, falleció en abril de 2014 cuando asistía con 500 estudiantes de su colegio a una salida pedagógica en una reserva natural aledaña a Bogotá. Tenía 16 años y cursaba el último año de secundaria, su siguiente paso sería estudiar Ingeniería Ambiental. Adentrarse en el mundo de la naturaleza era uno de sus propósitos.

“Nadie está preparado para un acontecimiento de estos. Es caerse del mundo, es sumergirse en un abismo, es desear morir, también”, narra Lindley.

Este joven nació un domingo en Barranquilla (allí trabajaban sus padres) y fue un domingo que su familia y amigos lo sepultaron en un parque cementerio en donde predomina el silencio, el colorido y aroma de las flores, el verde intenso de la naturaleza y el inconfundible marrón oscuro de la tierra que abraza los cuerpos inertes que vuelven.

Allí en ese pedazo de naturaleza, el cuerpo se fusiona, se vuelve uno con la tierra misma, pero algo inmenso, poderoso, envolvente y vibrante queda y se abre paso. Es la energía, el legado, la esencia de una existencia por encima de este mundo.

Y es en consciencia de quienes quedan, asumir esa ausencia y a la vez esencia como un sendero por recorrer, descubrir y compartir.

Aun sin completar dos años del episodio que partió la vida de esta familia, el padre de Felipe, un Comunicador Social y Periodista, ausculta más allá de la ausencia del hijo. “La muerte de ‘mi muchacho’ me hizo sentir sin fuerzas para seguir adelante y cumplir mis sueños. Por mucho tiempo, creo que algo más de seis meses, mi vida no fue a ninguna parte, sin embargo, el día que en verdad lo comprendí, decidí recomponer el camino. Lo primero que hice en este nuevo período fue reconocer mi debilidad y ponerme en paz conmigo”.

En familia se han vivido circunstancias de altas y bajas, las fechas traen consigo recuerdos que terminan en infinita nostalgia y amargura, pero amanece de nuevo y Amarilis, Alicia y Lindley caminan en una transformación centrados en vivir intensamente.

De ahí que para estas fechas navideñas y de fin de año surjan reflexiones. “Los abrazos, el amor incondicional, el recogimiento, el aprecio, la generosidad, la compasión que se manifiestan en Navidad deberían ser por todo el año. Cuántos planes, proyectos e ideas se quedan sin cumplir por indecisiones, dudas, diferencias o falta de tiempo. La muerte no se pospone, no hace parte de las estrategias consumistas de la sociedad mercantil de hoy ni del frenético trajín que nos distrae. Cuántos padres e hijos y hermanos solo se muestran su amor y atención en esta época y el resto del año cunde la indiferencia, el juicio, la crítica y el olvido”, dice Lindley.

En efecto, vivimos en una sociedad afanada y distraída por cosas materiales y ambiciones lideradas por el ego. Es costumbre que ese lado humanista, afectivo y compasivo ponga cara en Navidad y comparta unas donaciones con los desamparados, unos abrazos con los desesperanzados o unos saludos con personas que han marcado una faceta de nuestras vidas. El resto del año no hay ese gozo ni esa esencia que supera el ansia mundana.

Incluso los compromisos de recomponer el rumbo y darle un mejor trato al cuerpo en el nuevo año se esparcen como polvo en tierras áridas. Y qué decir de la mirada interior que siempre se evade.

En cada instante se pierden hijos, los que mueren, los que huyen, los que caen en las cárceles, los que escogen las drogas u otros vicios, los que se enferman gravemente, los desplazados, los raptados, los que se pierden en lo banal y trivial de la tecnología, pero sobre todo los que guiados por el mal ejemplo de los mayores repiten esas experiencias erráticas que también los desprenden del mundo.

Dice Lindley en una carta póstuma a su hijo: “Para los demás el mundo sigue su rumbo sin alteraciones, como si aquí no hubiera pasado nada y todos cumplen su destino. He entendido que, tal y como tú lo vivas, lo importante es sacarle una sonrisa a la vida y ganarle la batalla a la adversidad. Tengo una misión con quienes padecen una situación similar, ayudarlos y acompañarlos en su proceso, será un legado con Resurgir, Padres en duelo, por eso creo que los demonios que me agobiaban ya no están”.

Lindley Giraldo y uno de los cuadros pintados por su hijo Felipe. Resurgir, padres en duelo, tiene su sede en Bogota y el contacto es lindleygiraldo@gmail.com

La sociedad ha incrustado creencias frente a la muerte y el duelo. Se prioriza el sufrimiento, en ese sentido, dice el escritor español Emilio Carrillo en su libro El Tránsito que, “En definitiva, antes de nacer sabemos las potencialidades y los atributos de que vamos a disfrutar y las experiencias energéticas y vibracionales que viviremos en primera persona: ya estaban aquí como potencial y entramos de nuevo en el plano humano para vivirlas. En cualquier caso, sepamos esto: nadie vino aquí a sufrir, sino a desentrañar el rompecabezas de la vida. Así pues la muerte no existe. Y perderle el miedo es fundamental para no llenar de temores la vida. Para ello no basta con que el convencimiento acerca de su inexistencia sea mental o intelectual, sino que es preciso interiorizarlo y que eche raíces en el corazón. Será así como el miedo al óbito (fallecimiento) se diluya y nuestra experiencia humana se libere del pesadísimo lastre que representa sobrellevar, de por vida, la carga del miedo a la muerte”.

Resurgir tras la muerte de un hijo es el libro que narra la experiencia de la familia Giraldo Feo relatada por el padre de Felipe, Lindley Giraldo. Se puede adquirir en las tiendas de Librerías Paulinas. "Este relato es más que el texto de las sucesos que rodearon la muerte del hijo menor del autor. Es un faro que ilumina el camino. A través de sus letras, el autor comparte la experiencia de que perder a un hijo es la pérdida mayor, pero que no necesariamente significa perder el sentido de la vida, pues siempre hay ángeles que nos acompañan en la tarea de resignificar nuestra existenca y de "averiguar cuánta música podemos hacer...", como lo diría el violinsita israelí Itzhak Perlman, "...primero con lo que tenemos y luego con lo que nos queda", son apartes de la sinopsis del libro.

Que el manifiesto sentir emotivo y de gozo de esta época sea perenne. Es hora de que la felicidad, la sonrisa transparente, el abrazo cargado de vibraciones, la expresión fértil de amor, las acciones de compasión, no sean solo por la coyuntura.

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.