Las plantas, no solo aromas

Chucho | Bogotá

Bogotá
Chucho

Ana María Sepúlveda Román nació en Chile y es Comunicadora Social, es especialista en el uso de plantas medicinales y ha desarrollado una técnica orientada al trabajo corporal con recién nacidos. Es justamente en Valparaíso (Chile) en donde ejerce como docente en la Escuela de Enfermería compartiendo sus conocimientos en masajes y aromaterapia para lactantes y niños.

Esta mujer que inspira por su sensibilidad con los prodigios de la Naturaleza tiene un taller de elaboración de productos naturales www.entreflores.cl y responde esta entrevista en la que revela su esencia humanista.

¿Cómo nace esta inspiración?

Vivir entre la naturaleza, los huertos y los animales en la infancia y juventud, me marcó para el resto de la vida. La naturaleza te limpia, te energiza, te renueva y luego ya no sabes vivir en armonía si dejas de contactarte con ella. En esa inspiración, los aromas, la medicina en la naturaleza y la vitalidad, tocaron mis fibras más profundas, donde mi desarrollo laboral sí o sí, debía caminar por esos rumbos.

Las plantas son mi pasión, estudiar de ellas y ver la maravilla de sus poderes sutiles, me evocan una interminable inquietud de ir aprendiendo y experimentando con ellas y en sus diversos formatos, como los aceites esenciales, ¡tan medicinales! que surgen de las plantas aromáticas.

Sin embargo, las plantas me llevaron al mundo de la sanación y mis manos se transformaron en mi principal herramienta a través de técnicas de masaje. Conocer profundamente de él y del complemento sinérgico que hacen junto al uso de aceites aromáticos, ha sido maravilloso.

Así comencé a dar terapias de medicina natural, entregando medidas terapéuticas y dando un profundo masaje con aromaterapia, en bebés, niños y adultos. Esto me inspiró a elaborar productos terapéuticos, como diversas mezclas de aceite de masajes, cremas, perfumes, barros, almohadillas para calentar y de relajación, etc. Ha sido un largo camino experimentando y hoy tengo el regalo de poder decir: ¡hago lo que me gusta e inspira!

Desde que aprendí a hacer masajes  emprendí un viaje de exploración con mis manos, corroborando día a día el efecto sanador del tacto, del toque amoroso y respetuoso. Mi experiencia me hablaba de cómo fui apoyando procesos de limpieza física y emocional, sanando dolores profundos implantados desde la infancia, como un registro escondido en el inconsciente, pero el cuerpo habla con transparencia e inevitablemente. Entonces leí del masaje para bebés y me pareció tan fundamental trabajar las relaciones de vínculo con los padres desde el tocar, que aprendí estas técnicas y comencé a realizar talleres con ellos con el fin de que ellos lo aprendan y lo incorporen en la crianza.

El bebé puede recibir masajes desde que nace y es muy saludable para su organismo, crece y se oxigena mejor, favorece la absorción de alimentos y previene cólicos, mejora notablemente su bienestar, ánimo, calidad del descanso y la vigilia y regulando este ciclo. A nivel afectivo, al nacer el bebé llega al mundo con un temor intrínseco de enfrentar este mundo sin alimento ni cobijo seguro, por primera vez tiene frío y se enfrenta a la luz, por primera vez es separado de su madre y del abrazo apretado que significa estar enrollado en su vientre. El masaje infantil busca devolver al niño las sensaciones del vientre materno. Los autores que han desarrollado estos temas, en especial el obstetra francés Leboyer (Masaje Shantala) plantean que el bebé no sólo necesita de comer, subir de peso y talla, ser cambiado, etc. sino también, está sediento de alimento afectivo, sediento de caricias y contención física. Estas experiencias han llenado mi vida de gratificaciones.

¿El mundo de hoy necesita volver a las medicinas naturales?

Cuando pensamos en el contexto natural que rodeó al ser humano desde hace miles de años, podemos ver las fuerzas y capacidades que tenía, la energía de correr muchos kilómetros en búsqueda de alimentos, así como trepar y saltar con agilidad. El hacer y descansar al ritmo del sol y  de su organismo, el ocupar sus capacidades hormonales para estar alerta y sobrevivir a las exigencias y el peligro, así como alcanzar la paz cuando en verdad se detenía. En cambio hoy le pedimos ayuda permanente a las hormonas para estar alertas en nuestra cotidianidad, caminar por ciudades y cruzar calles, manejar conflictos, vivir contra el ritmo de la naturaleza, el sedentarismo, en fin. Tanto que nuestro organismo se desgasta, enferma, deprime o estresa.

Volver a escuchar al cuerpo, respetar nuestros ritmos, dejar de andar apurados, descansar y eliminar toxinas, hacer deportes, respirar profundo y un buen aire, alimentarse con todas las medicinas, colores y sabores que nos ofrece la naturaleza. Hay que escuchar a los guerreros de hoy, esos que caminan en coherencia con la Madre Tierra y sus medicinas, los que saludan y son cordiales, los que se conectan con el amor. Debemos inspirarnos en ellos y acercarnos a las medicinas que ofrece la naturaleza.

Desde mi opinión, está bien en algunos casos usar los medicamentos alópatas desde la libertad de cada uno y sus formas de pensar, por supuesto, utilizados con consciencia y con respeto al ciclo natural. Sabemos que el negocio de la farmacopea acarrea un enorme abuso de poder y financiero, de la experimentación de sus toxinas en animales y humanos desprovistos de protección. El que resiste no es el más fuerte, sino el que tiene mayor capacidad de adaptación. El asunto es no faltarle el respeto al ser sagrado que somos, cuerpo y alma, ni tampoco a esta bella y sagrada Tierra que habitamos, a esta fuente que nos acoge, nuestra Madre Tierra. Nuestro planeta está dispuesto generosamente para cada uno de sus habitantes, con medicina y alimento sano.

¿Por qué nos separamos de la naturaleza, por qué la enfermedad se hizo tan común? ¿Qué pasó?

Dejamos de permitir que con la fiebre el cuerpo despertara sus defensas y la bajamos con químicos y no con medidas naturales. Dejamos de buscar en nuestros jardines hierbas para tratar nuestras dolencias. Dejamos de quemar energía haciendo el deporte necesario y nos alimentamos con productos cargados de químicos. Dejamos de respirar profundo y un buen aire, de contactarnos con la naturaleza. Dejamos tantos hábitos sanos, es que nos olvidamos de nuestro organismo, de nuestra autopercepción y le entregamos el poder a otros, a los remedios químicos.

¿Por qué aromaterapia? ¿Qué es? ¿Cómo funciona?

Subiendo una montaña en México se despertó en mi la pasión por los aromas. Los aceites esenciales son, probablemente, la parte más sutil de las plantas aromáticas. Algo como el sistema hormonal del ser humano, tan ligado a nuestro sistema nervioso que es tan particular, único y propio a cada ser vivo. Así también,  los aceites de las plantas aromáticas expelen miles de diversos aromas que evocan sus virtudes y una personalidad propia. Y luego viene la maravilla, su impactante acción en el organismo de humanos y animales, tratando en forma poderosa trastornos del cuerpo, la mente, el sistema nervioso y energético.

Se requiere gran cantidad de plantas para obtener unas pocas gotas de su aceite esencial. Entonces, su nivel de acción es potente. Si un té de manzanilla te produce efectos terapéuticos, su aceite esencial penetra y actúa de forma impactante en el organismo. Un olor cualquiera evoca, invita, viaja en el tiempo, despierta emociones y recuerdos. Todo envuelto en el sagrado sentido del olfato. Pero el aroma de una planta medicinal tiene además de estas virtudes, un poder terapéutico, penetrando en nuestro organismo y actuando ahí, donde se necesita. Puede ser desinflamando un músculo, ayudando a dormir, ayudando a las funciones hepáticas, calmando el sistema nervioso, activando la circulación, etc. Los aceites esenciales son pura medicina y acción.

Una recomendación sencilla para comenzar en ese camino

Para ir acercándonos a las plantas medicinales debemos comenzar a utilizarlas, si no sabes dónde encontrar lo que necesitas, pregunta. La sabiduría popular sobre el conocimiento de las plantas medicinales forma parte de la humanidad, siempre en torno a ti hay medicina natural. Y más allá de las plantas, instintivamente, en nuestra relación con la naturaleza buscamos sanación, podemos tratarnos con agua, tanto del mar como de los ríos, termas, barros medicinales, meditación y ejercicios en la naturaleza, la observación, el juego, la risa, el sol, la luz, etc. También ahí está la energía medicinal para mejorar nuestra inmunidad. Tomar todos estos regalos saludables de la madre tierra es sin duda el pilar fundamental del bienestar y la salud. Un cuerpo sano, una mente libre de negatividad, una buena oxigenación, ¡eso es vida!

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.