Ana de Laguna

Fotos: J.E. Torres

No sabemos ayudar

«Estamos aferrados a las cosas sin sentido»


Ana de Laguna residía con su esposo y los cuatro hijos en una humilde vivienda. Ella aportaba no solo los oficios sino que tenía su taller de corte y confección. Fueron beneficiados con una casa de la obra Minuto de Dios. Un día llegó el padre Rafael García Herreros y le preguntó que si todos esos vestidos eran fabricados por ella, Anita, como la conocen familiarmente, respondió afirmativamente. El padre entonces le dijo de manera enfática: “No confecciones más vestidos para el mundo, empieza a confeccionar almas para Dios”.

Así comienza el relato de la Directora y Fundadora de la Comunidad Pueblo de Dios que desde 1998 tuvo una transformación de su vida. Relata que el padre, fundador del Minuto de Dios, la instó a conformar un grupo de oración y luego a liderar la creación de un hogar para adultos mayores en estado de abandono.

Ella fue dejando paulatinamente su oficio de modista y se dedicó de lleno a la oración y a fortalecer las obras para beneficiar a los más necesitados.

“De joven y aun de casada y con cuatro hijos me olvidé de Dios. Trabajaba muy duro en la casa y en el taller, mi vida era acelerada y agotadora, pero, por los llamados del padre, tuve un encuentro con el Señor. Llegó el día que conocí a la Bendita Renovación Católica Carismática. Desde ese momento mi vida y la de mi familia se transformaron. Aprendí cuánto puede ayudar uno a los más necesitados. Fue descubrir cuánto bien se le puede hacer al otro. Dejar de ser uno para que los otros sean ellos. Es una nueva vida”, narra.

“En Dios se vive en prosperidad, justicia y verdad. La oración debe ser profunda en el amor de Dios, confiada, segura y entregada. Hay que hacer conciencia de que así no faltará nada. Desafortunadamente la sociedad está más entretenida con el consumismo y las vanidades y poco sabe de ayudar y de la generosidad”, señala Anita de Laguna.

La Comunidad Pueblo de Dios tiene un hogar para abuelas abandonadas que funciona en el sector Santa María del Lago, occidente de Bogotá, cuenta con un grupo de personas que visita a los enfermos en los hospitales de Engativá, Suba y San Rafael, tiene la Línea de la Esperanza a donde llaman diariamente centenares de personas clamando oraciones y ayudas, el grupo de familia que se reúne para reflexionar sobre los problemas de la sociedad actual y claro, el grupo de oración soporte de toda la obra.

Lo primero y más importante para esta señora dedicada a la generosidad es la oración. “No es rezar repitiendo sin sentido el rosario u otras plegarias. No, es hablar con Dios y darse tiempo. Sin él no hay nada. Hoy se vive a las carreras y, aun en medio de los problemas, las personas no se acuerdan de Dios”, explica.

“Dios es padre, es amor, el Señor no pone pruebas, lo que pasa es que nos dejamos llevar por caminos del mundo que aparentemente son la verdad y no es así. Estamos aferrados a las cosas sin sentido, pero después del encuentro con Dios, se aprende a vivir, a ser solidarios y generosos. Dando es que se recibe”, relata esta Mujer que Inspira.

Ella dice que empezó sin nada y que las ayudas para la primera casa de abuelas con su dotación completa llegaron de donaciones, así  se ha construido todo el potencial de ayudas que tienen hoy para los sectores más necesitados de la población.

El testimonio y experiencia de Ana de Laguna han trascendido las fronteras ya que ha sido invitada a varios países de Europa y América Latina para que comparta cómo fue que logró consolidar una comunidad que ha ayudado a miles de personas en casi veinte años de esfuerzo.

Ella tiene hoy 82 años de edad, se ve una mujer conservada, sana, llena de vida y empoderada de un entusiasmo que contagia. Critica con vehemencia la educación y los medios de comunicación: “Están dedicados a cultivar el intelecto, pero no el espíritu ni los valores. Se piensa más en el individuo que en el colectivo.  Tenemos medios con información cargada de violencia y maldad. Se acaba con la reputación del país y de las comunidades con series de narcos y violentos y telenovelas que enaltecen las envidias y la mentira”. 

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.