Ángela Ospina de Nicholls

Fotos:

La sociedad de espaldas a la Trata de Personas

La nueva esclavitud es sin cadenas


Para finales de 2011, Daniela (nombre cambiado para proteger su identidad) aceptó la invitación de una mujer para hacerse amigas por Facebook. Se escribían, compartían ideas, fotos y llegaron a hacer planes para empezar un negocio. La mujer misteriosa del chat le dijo un día que ella vivía en España desde hacía algunos años pero que era de Guatemala. Le narró que estaba feliz por su trabajo de mesera en un restaurante en Madrid. Le dijo que estaba dispuesta a ayudarla porque tenía la confianza de sus jefes. Según ella, se trataba de una empresa familiar con sede en varios países, entre ellos Argentina y Chile. Daniela aceptó y en poco tiempo estaba viajando en un avión rumbo a Buenos Aires. Dejó en Cali a su familia que confiaba en que por fin alguien ayudaría en el sostenimiento de los cuatro hermanos menores. Le mandaron los tiquetes de avión, reservas de alojamiento y hasta dinero en efectivo para los gastos de desplazamiento. Todo parecía transparente y sano. Llegó a Buenos Aires y una mujer bien vestida, de buenos modales y muy afectiva la recibió en el aeropuerto. Estuvo un par de días en la capital argentina y en ningún momento estuvo sola. Luego se desplazaron a Santiago de Chile, en ese vuelo, la anfitriona que dijo ser de Valparaíso, viajó acompañada de tres mujeres jóvenes: Daniela, de Colombia y dos adolescentes de Nicaragua. Al bajar del avión aparecieron en escena tres hombres, las llevaron a una casa en donde había más mujeres. Les quitaron el pasaporte, les anunciaron que debían mucho dinero por los costos del desplazamiento y que a partir de ese momento tendrían la oportunidad de ir pagando porque se dedicarían a ser damas de compañía. No podían salir de la residencia que estaba vigilada por tipos malencarados que las trataban en muy malos términos. Por fortuna, por esos días había varias denuncias y seguimientos de las autoridades, a los tres meses las muchachas fueron liberadas en el operativo pero no fue posible capturar a los jefes de la banda dedicada a la explotación sexual, esa noche de manera sospechosa dejaron la ciudad. Los trabajadores fueron llevados a la justicia y condenados a penas menores. Nunca se dio con el paradero de los cabecillas. Pero en esa residencia encontraron al menos 15 mujeres de ocho países, la mayoría de Centro América, que fueron engañadas con falsas promesas de trabajo y que luego pasaron a ser esclavas  sexuales. Víctimas del delito de Trata de Personas.

Esta historia no es nueva, se repite con nuevas estrategias de engaño, con países diferentes, pero cada vez más son las redes sociales las ventanas por donde se filtran las bandas criminales. Y son víctimas mujeres jóvenes, niñas desde los doce años y hombres adolescentes de la comunidad LGBT.

Ella inspira

Ángela Ospina de Nicholls, Directora del Centro de Pensamiento Sobre Trata de Personas de la Fundación Mariano Ospina Pérez, de Bogotá (Colombia), explica que el delito de Trata de Personas es ante todo una vulneración de varios derechos humanos, entre ellos restringir la libertad de las personas que son convertidas en un objeto comercial.

Cuando estuvo vinculada al Ministerio del Interior pudo conocer de cerca el drama de las familias y las víctimas de la esclavitud moderna. Su sensibilidad de mujer y de líder de la sociedad la llevaron a visibilizar el tema y la desidia de todos los sectores para ir más allá de la voluntad política. Tiene un centro de pensamiento dedicado a investigaciones, análisis de propuestas, seguimiento a restitución de derechos de víctimas y a la consolidación de la alianza de diversas organizaciones que comparten su preocupación por el incremento de las amenazas sobre todo para las mujeres y los niños.

“La modalidad más visibilizada de este delito es la explotación sexual al ser obligadas a la prostitución ajena, pero también se denuncian el trabajo forzado, la servidumbre, la esclavitud laboral, el servicio doméstico en los casos de ser tratada como esclava, sin remuneración; el matrimonio servil, la mendicidad y el espantoso tráfico de órganos. Estamos ante una nueva forma de violencia”, dice esta defensora de las víctimas.

Agrega que se trata de un fenómeno transnacional que afecta a todos los países del mundo porque las víctimas salen de un país y son explotadas en otro, pero llamó la atención que dentro de las fronteras existen formas y redes criminales que operan a sus anchas por que todavía en Colombia es incipiente la lucha contra el delito y sobre todo la prevención.

“Se ha descuidado el enfoque de derechos y la prevención y restablecimiento de las víctimas. La realidad en Colombia y en general en todos los países es que las estadísticas son escasas. No se tienen consolidados de la magnitud del problema, pero es evidente, hay un crimen organizado que campea por el mundo. Es inadmisible que la humanidad permita estas formas de esclavitud. Ahora las cadenas son invisibles, pero están en las ciudades en formas de mendicidad, de esclavitud laboral, explotación sexual. Las sociedades hacen invisible este drama”, asegura la señora Ospina de Nicholls.

“Mi principal preocupación y la de las entidades que luchan para enfrentar y denunciar el delito, es que las víctimas no son el centro de la atención del Estado. La Ley 985 de 2005, -Por medio de la cual se adoptan medidas contra la trata de personas y normas para la atención y protección de las víctimas de la misma-, está en la mira de la Corte Constitucional que aceptó una demanda de inconstitucionalidad porque supedita la asistencia inmediata a las víctimas si estas denuncian, lo que es absurdo e intolerable. Las víctimas del delito de Trata de Personas son de segunda, son invisibles”, precisa esta líder social que inspira.

De la voluntad política a las acciones

Ángela Ospina de Nicholls afirma que los Estados del mundo se centran en la asistencia y no en la prevención; para ella, es necesario que los gobiernos implementen efectivas estrategias de prevención y se reconozca a las víctimas como personas sujetas de derechos a las que el establecimiento permitió las vulneraciones.

Mi llamado es que, “todo ser humano está amenazado, pero los de más riesgo son quienes no tienen oportunidades para su desarrollo personal, sufren en entornos de violencia intrafamiliar, no tienen formación ni acceso a la educación y por tal motivo los gobiernos locales y el nacional deben pasar de la voluntad a las acciones para prevenir. No puede ser que los presupuestos que destinen sean ínfimos, es hora de aceptar y reconocer que este peligro está latente y el silencio de todos favorece a las redes criminales para perpetuar la esclavitud”, puntualiza Ángela Ospina de Nicholls, Directora del Centro de Pensamiento Sobre Trata de Personas de la Fundación Mariano Ospina Pérez, de Bogotá (Colombia).

Algunos referentes

Dice la OIT que el más alto porcentaje de víctimas de la Trata de Personas son niñas, niños y mujeres. Y, entre las mujeres, el treinta por ciento son menores. Las estadísticas dicen que entre dos y cuatro millones de niñas, niños y jóvenes son víctimas de explotación sexual o laboral en América Latina. La ONU dijo que en 2015, al menos, se reportaron 12 millones de víctimas del delito de Trata de Personas.

La Oficina Europea de Policía reveló que en la última década, al menos, diez mil niños desaparecieron al llegar a Europa y que estos casos pueden estar relacionados con explotación sexual, laboral o tráfico de órganos.

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.