Sandra Vilardy

Fotos: Suministradas

Colombia de espaldas a los ecosistemas marinos

Bióloga Marina desde el corazón


Cuando habla de los ecosistemas marinos lo hace con la fuerza del huracán; al referirse al daño sistemático contra las lagunas costeras en Colombia, lo expresa con la penetración del mar de leva; al clamar por mayor atención y articulación del país hacia la protección de la biodiversidad en los mares, su intensidad se asemeja a la fortaleza de los litorales rocosos. La magnitud del trabajo de la bióloga marina Sandra Vilardy solo se parece a la exuberancia de los arrecifes de coral que son sensibles como lo es ella frente a todo lo que tenga que ver con el mar: su pasión, su esencia.

Graduada en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano como Bióloga Marina y Doctora en Ecología y Medio Ambiente de la Universidad Autónoma de Madrid (España), con altos reconocimientos académicos, se erige desde hace varios años como una escudera de los bosques de manglar, los ecosistemas de dunas y de playas, los arrecifes de coral, los pastos marinos y las lagunas costeras, entre otros, escenarios propios de esa unión de las aguas marinas con tierra firme. Aunque su centro de operaciones está en Santa Marta, su voz cubre la totalidad de las costas Caribe y Pacífica.

Líder investigadora y protectora

Es docente de la Universidad del Magdalena en la Facultad de Ciencias Básicas y por más de una década ha liderado investigaciones muy profundas para entender la relación de la dimensión humana, el territorio y la dimensión natural. Para ella, descubrir el fondo de la cuestión, se constituye en lograr diálogos precisos que redundarán en la protección de los tesoros naturales que amortiguan al impetuoso mar cuando se alza frente a las costas.

“Soy mamá de Mariana. Apasionada desde chiquita por el mar y por los ecosistemas marinos y costeros. Nunca me presenté a  estudiar otra disciplina, esta era mi decisión. Con la suma de experiencia he consolidado un trabajo frente a los ecosistemas costeros y marinos que son tan importantes y que en la mayoría de las ocasiones pasan desapercibidos para la sociedad y sus élites que le han dado la espalda al mar y se han quedado con las montañas”, narra la Doctora Vilardy.

Explica que Colombia ha desatendido sus mares y que, a pesar de tener políticas, estas son simbólicas y sin financiación. Agrega que falta articulación institucional, coherencia en la aplicación de la normativa y visibilización de la transformación que se ha venido dando en detrimento de estas reservas naturales por cuestiones de desarrollo en infraestructura o urbanismo. “Estamos muy quedados”, enfatiza.

“Los ecosistemas costeros están entre el mar y el continente y son amortiguadores de diferentes fenómenos. Cuando se dañan por efectos de la contaminación o por el impacto de las obras se pierde esa relación. Colombia no conoce la dimensión de la problemática que se vive hoy en los ecosistemas. Estos recogen lo que viene desde las montañas y que baja  a través de los ríos. Es grave el descuido”, asegura.

La voz de la Ciénaga Grande

Esta Mujer que Inspira, que fue reconocida como una de las personas más importantes en Colombia en 2015 por parte del diario El Espectador, comparte de manera permanente sus investigaciones, preocupaciones y capacitaciones a través de foros, redes científicas e Internet. Justamente es la Ciénaga Grande de Santa Marta una de sus mayores aflicciones, la necesidad de alertar sobre los riesgos del deterioro del complejo lagunar se manifiesta como un oleaje brusco dentro del corazón de esta vocera de la naturaleza.

“La Ciénaga Grande de Santa Marta es un ecosistema de 460 mil hectáreas, es tan grande como el departamento del Quindío. Es el más importante de estas características en el país. La transformación que ha sufrido a lo largo de las décadas es muy agresiva. Muy pocos en el país saben que en la ciénaga se vivió la peor tragedia ambiental de que se tenga noticia en Colombia. En los años sesenta, cuando se decidió construir la carretera a Barranquilla, mataron 25 mil hectáreas de bosque manglar. Ha sido la segunda catástrofe en el mundo de bosques de manglar después de la ocurrida en Vietnam, allí por el uso del agente naranja. Los daños aun se viven. Ahora esperamos que las autoridades tomen conciencia y no pretendan trazar la doble calzada como se diseñó inicialmente porque el desastre sería nefasto. Lo mismo ocurre con la carretera que llaman de La Prosperidad”, narra Sandra Vilardy.

Explica que en la Ciénaga Grande de Santa Marta desembocan el río Grande de La Magdalena y otros afluentes que nacen en la Sierra Nevada. “Es por estas intersecciones que se forman unos ecosistemas únicos y singulares, con funciones claves. Una obra de infraestructura afecta el ingreso de agua dulce a la ciénaga y como se trata de un humedal, requiere que los flujos hídricos dentro del sistema funcionen. El  imán de la biodiversidad se altera de inmediato. Hay mucha riqueza en fauna y en alto riesgo”, señala.

Los que arrasan

Entre los depredadores de la ciénaga se señala a los actores armados, a manos de ellos han desaparecido los líderes de grupos ambientalistas. Las empresas que operan en la zona en actividades ganaderas, agrícolas o portuarias no tienen sentido de pertenencia frente a la ciénaga. Y el Estado presenta una ruptura institucional para enfrentar el reto que supone proteger esta máxima reserva costera que será fundamental para mitigar las consecuencias del cambio climático, según resalta la Doctora Vilardy.

Una crítica final de esta Mujer que Inspira es para el turista que avasalla en las playas, los bosques de coral, los fondos blandos y destruye. No hay conciencia de los visitantes sobre la importancia de los ecosistemas marinos y costeros.

“El sentido de pertenencia debe nacer en todos para cuidar y proteger la biodiversidad y estos recursos. Todos debemos ser garantes para guardar esta biodiversidad. Colombia es muy afortunado de tener estas riquezas”, puntualiza  Sandra Vilardy, bióloga marina desde el corazón.

 

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.