Angélica Gámez

Fotos: J.E. Torres/Sinfónica Nacional

Solista del violín

"La música clásica es una meditación constante"


María Gámez, una mujer de origen campesino de Siachoque, Boyacá, decide buscar rumbos para su vida y viaja a Bogotá. Su anhelo inicial es estudiar para progresar y lograr una mejor calidad de vida, para conseguirlo, decide trabajar como empleada doméstica, es joven, no ha tenido muchas oportunidades para estudiar pero sabe que nada es imposible.   Recorre el tradicional barrio de Ciudad Montes y el corazón le avisa que debe llamar en una casa y ofrecer sus servicios. Le abren, ella narra su historia, le creen y la contratan. Es una vivienda de músicos muy reconocidos, de gran recorrido y con grandes influencias. Se trata de la pianista cartagenera Elvia Mendoza y su esposo, el maestro Ernesto Díaz, fundador de la Sinfónica Juvenil de Colombia.

¿Por qué el Universo la guió a esa casa colmada de generosidad y talento musical? A los pocos años de estar en la capital, la joven y sencilla mujer boyacense da a luz a una niña, Angélica Gámez, que es acogida por esa familia. Elvia Mendoza se convierte en la madrina de bautizo. Esa es la respuesta,  hoy, Angélica, es la violinista más importante de Colombia.

Crece en medio de la música, de los instrumentos, de la disciplina y de la estética del arte. A esa casa era normal que llegaran alumnos de los maestros, la niña Angélica crecía escuchando acordes, enseñanzas, recomendaciones.

Pero ese Universo sigue llamando en esta familia. El maestro Ernesto Díaz termina su relación con la señora Mendoza y se casa con Ruth Lamprea, gran violinista. En esa nueva vida, la señora María Gámez y su hija, acompañan al maestro Díaz.

“A mis siete años yo quería ser músico, pero no le decía nada a mi madre. Luego supe que el mayor sueño de ella era que yo siguiera esa carrera. Yo sabía que en un closet tenían un violín. Para mí la obsesión era poder tocar ese instrumento. A escondidas me escabullí, tome esa joya entre mis manos, todo fue empírico, obviamente. Interpreté el Himno Nacional que había escuchado muchas veces. No fue difícil, los dones son así. Fui feliz y tomé la decisión que el violín era lo mío”, narra muy conmovida esta maestra al recordar esa gesta ocurrida a principios de los años 80s”.

Y sigue: “Esa noche, cuando le subí la comida a la señora Ruth, le dije, le tengo una sorpresa. Fui por el violín y repetí el acto. No hubo regaño, ni reprimenda, lo que ocurrió fue increíble, ella asumió el papel de maestra. Coja mejor el arco, súbale al do y bájele al mi, exclamó”.

Ese fue el comienzo de esta talentosa mujer que ha sobresalido en los más importantes escenarios del mundo de la música clásica. Parece una fábula de esas que publican en diferentes textos de motivación para significar que la vida es armonía, pero es realidad. De hecho, la misma Angélica lo reseña así: El Universo es perfecto. Dios acomoda todo de manera precisa, no tengo dudas”.

La señora Ruth Lamprea (concertino) es la madre de Luis Darío Baracaldo, otro concertino de la Sinfónica Nacional.

Pasión y Conciencia 

Esta Mujer que Inspira comenzó sus estudios en la escuela de música de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Colombia. En 1991 participó representando a Colombia en la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales y en 1994 ganó el premio Joven Músico Mazda. Con muchos esfuerzos y disciplina logró una beca en la Universidad de Mozarteum, en Austria. Sus maestros fueron figuras de talla mundial como Helmut Zehetmeier, Skow Larsen Lavard y el cuarteto Hagen.

 

Ella narra que esa época fue muy intensa por lo que estaba viviendo y, a su vez, porque para obtener algunos ingresos adicionales trabajó en restaurantes, como empleada doméstica en el “Frohnburg”, castillo en donde vivió, además, hizo domicilios en una panadería.

Regresó a Colombia con la intención de formar músicos, poner en práctica todos sus conocimientos, hacer música de cámara y proponerse metas como solista.

“Sentí que todo este aprendizaje y experiencia debía compartirlos en mi país, con los jóvenes que emprenden una carrera como músicos. La idea es formar buenos violinistas, versátiles, con bases sólidas, criterio y sobretodo, inculcarles desde el inicio la importancia de la disciplina y la conciencia, todo esto con tres ingredientes fundamentales, amor, control y pasión, en la vida no hay nada imposible”, asegura.

“Lo más difícil del artista es poder entrar en el corazón del público. El proceso es complejo: primero, disciplina con la preparación que requiere la obra; luego conectar ese material con el espíritu de la música; y lo esencial, poner todo el corazón, con todo esto es posible que la alquimia de la música surja. Mi primera intención es alimentar mi espíritu con lo que hago y luego, cuando empiezo a disfrutar lo que escucho, puedo alimentar el alma del público”, señala.

En su carrera ha tenido cinco violines, el primero lo fabricó Vicente Larraín, lutier chileno que vivía exiliado en Colombia. “Fue muy costoso, un gran sacrificio de mi madre”, relata. El violín con el que toca actualmente fue construido en el año 2013 por el luthier canadiense, radicado en Bogotá, Nicolás Cavallaro.

 Su primer viaje fue a España en 1990 como integrante de la Orquesta Mundial de Juventudes Musicales.

"Mi presente es seguir haciendo buena música con la Sinfónica Nacional, continuar apoyando a la joven generación de violinistas, seguir en el camino del aprendizaje y disfrutar de mi profesión. A la música clásica le falta el apoyo del sector privado. Falta más conciencia social, cultural y educativa", asegura.

La maestra Gámez dice que algunos de los jóvenes de hoy se quedan dormidos, esperan que todo llegue por milagros. “Hay que salir, buscar, tocar puertas. En algún momento se abrirán”.

Enfatiza que en Colombia hay excelentes compositores y una nueva generación de músicos con gran talento.

 

El legado de su talento

Nicolás Gámez es su hijo y sigue sus pasos. Se inclina por el jazz y el rock. Asiste a la Universidad Javeriana al  programa juvenil de formación musical y estudia secundaria en un colegio semi-presencial para facilitar formarse en el arte. “Él toca el bajo eléctrico, tiene un increíble talento y sensibilidad, es mi vida”.

Soy feliz viviendo el presente con gratitud. Feliz por hacer lo que me gusta, feliz y bendecida por la madre y el hijo que me dio la vida. La música clásica es una meditación constante”, puntualiza esta Mujer que Inspira.

 

Ella es

Concertino alterno de la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, docente en las universidades Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad Central y mantiene una constante carrera como solista y músico de cámara. En 1991, 92, 93 y 94 ganó los concursos de Jóvenes intérpretes de las Orquestas Sinfónica Nacional de Colombia, Filarmónica de Bogotá y Banco de la República, en los mismos años representó a Colombia en la Orquesta Mundial de juventudes musicales siendo la única menor de edad, realizando importantes giras por Europa y  las Américas. En los años 2008, 2009 y 2014 actuó como solista en el Festival Internacional de Música de Cartagena. Violinista de la Orquesta Filarmónica de Bogotá entre los años 1993 al 2003, este mismo año gana concurso de principal de segundos violines en la nueva Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia, en el 2005 gana concurso para ocupar el cargo de concertino alterno de la misma. Del 2004 al 2015 fue miembro de uno de los más destacados cuartetos de cuerdas del país, el Cuarteto M4nolov, en 2009 crea el ciclo de conciertos “Miércoles Musicales” y constituye la Fundación para la Música A.G.

Al final de una cálida y emotiva entrevista, la violinista más representativa de Colombia comparte un elemento esencial de su existencia: “Nací de seis meses y medio, lo cual ya es un milagro. Fue sin duda el amor y la fuerza de mi madre los que lograron sacarme adelante”. 

 

 

Este portal está dedicado a la señora Mery Segura y a sus tres queridas hijas, Ángela, Olga Lucía y Marisol Neira. Verdaderos ángeles en la Tierra. Generosidad, bondad y amor son su identidad.